martes, 20 de noviembre de 2012

Incentivos para el Nacionalismo en España I



Hace ya algunos años, cuando estudiaba economía en la Universidad de Murcia, recuerdo una clase de Sector Público (huelga decir de qué va la asignatura) Ambrosio Sempere Flores, nos hizo una pregunta: ¿Qué es lo que un político más quiere cuando llega al poder?, creo que alguien contestó que cumplir el programa su programa electoral, otro satisfacer a su electorado, ayudar a quienes le han ayudado a llegar al poder… en fin ninguna respuesta parecía satisfacer al catedrático y todos estábamos algo confusos. “Lo que todo político quiere cuando llega al poder es seguir teniéndolo”.  
He aquí un problema claro, los incentivos, este problema también es conocido como costes de agencia (no en sentido estricto). La idea es que, por ejemplo, los incentivos de un accionista de Telefónica no tienen por qué ser los mismos que los de su presidente, ni los mismos que los de un comercial o un cliente de la misma. Si ampliamos el juego, probablemente Telefónica no tenga los mismos incentivos que Hacienda. Fijémonos con un poco más de detalle (sin entrar en mucho detalle): el accionista de Telefónica quiere dos cosas, poder vender la acción más cara que cuando la compró y que le dé mayores dividendos. Los incentivos del presidente puede estar orientados a corto, medio o largo plazo, quizá esté pensando en irse a otra empresa así que en tal caso le gustaría repartir unos beneficios altos y así poder encontrar un mejor trabajo, sin embargo, puede tener la tentación de sacrificar el beneficio a largo plazo de Telefónica para conseguirlo. A un comercial simplemente le importará lo que ponga su contrato, si en su contrato le pone que ganará más dinero por hacer más portabilidades pues eso hará. Igualmente el cliente quiere el mejor servicio por el menor coste, lo cual es totalmente distinto a los que en principio querría el accionista y el presidente. Por supuesto Hacienda querrá cobrar la mayor cantidad de impuestos posibles, así que el presidente usará su imaginación para que esto no sea así, usará otros países y demás trucos fiscales. Así que los intereses de Hacienda, son opuestos a los de accionistas, presidentes y clientes.
Con lo anterior queda claro, que para el político primero estará su interés que es el de seguir perpetuándose en el poder o, si puede tener más. Y aquí es dónde voy, cada presidente de CCAA, o cada alcalde y por supuesto, el presidente del gobierno quieren lo mismo, así que todos luchan por lo mismo.
En este “juego de tronos”  en el que todos quieren más poder muchas veces el interés de los ciudadanos queda relegado a un segundo plano. Debe notarse, que esto también ocurre en las empresas, pero que en ellas la jerarquía es mucho más flexible,  y su estructura no requiere de largos procesos legales que puedes llevar años (cómo el cambar la constitución de un país) y por otro lado, por regla general es más fácil valorar una empresa que al Estado, ya que por definición este trabaja en cosas donde las empresas simplemente no les interesa trabajar  porque no les es rentable (algunos ejemplos son construir una autovía, un pantano, institutos, hospitales… todos ellos en algunos casos en otros pueden ser muy rentables, en manos privadas).

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